De la visita al seguimiento: el método completo para presupuestar un trabajo, calcular el precio sin equivocarte y redactarlo de forma que te lo acepten.
Guía NINO · actualizada el 25 de septiembre de 2026
La mayoría de los presupuestos malos nacen de una visita mala. Cinco preguntas resuelven casi todo, y todas se hacen antes de salir de casa del cliente.
No siempre es lo que pide. «Quiero cambiar el grifo» puede ser «llevo dos meses con la encimera mojada». Resolver el problema correcto es lo que separa una obra de una reclamación.
Antigüedad de la instalación, materiales, accesos, estado de lo que queda alrededor. Haz fotos. Una foto tomada en la visita vale más que media hora de memoria dos semanas después.
Tubería vieja que se parte al aflojar, roza que se abre más de lo previsto, cuadro sin espacio. No tienes que cubrirlo todo: tienes que escribir cuáles son los supuestos y qué pasa si aparecen.
Si el material lo compra el cliente, tienes menos margen y menos garantía. Decídelo en la visita y déjalo por escrito.
El plazo cambia el precio. Un trabajo para mañana por la mañana no cuesta lo mismo que uno para dentro de tres semanas.
Hay dos formas de errar un precio: adivinarlo y copiar el del vecino. La tercera, la que funciona, es sumar cuatro partidas y no olvidar ninguna.
Mano de obra. Horas de trabajo efectivo, a tu precio por hora. Y tu precio por hora no es lo que te gustaría ganar: es lo que necesitas facturar para cubrir tu sueldo, la furgoneta, las herramientas, los seguros, la gestoría, la cuota de autónomos y los días en que no hay obra.
Materiales. Coste real, con el margen que aplicas. Si el proveedor puede cambiar el precio antes de la fecha de la obra, acorta la validez del presupuesto en lugar de tragarte la diferencia.
Desplazamiento. Tiempo de viaje y combustible, en una línea aparte. Dos desplazamientos de 30 km se comen una mañana entera.
Imprevistos. Un margen para lo que la visita no dejó ver. En la reforma de un baño antiguo no es pesimismo: es experiencia.
Un trabajo de media jornada: 4 h × tu precio por hora, más el material con su margen, más un desplazamiento, más un colchón para el imprevisto. Si el resultado te parece caro, el problema no suele estar en el precio: está en el precio por hora, que casi todo el mundo calcula por debajo.
El cliente que pide tres presupuestos no está comparando competencia técnica — no sabe evaluarla. Está comparando claridad. Quien escribe mejor gana, al mismo precio.
Una línea por tarea. «Sustitución de sifón bajo lavabo — 1 ud.» No «trabajos varios».
Separa material y mano de obra. El cliente ve enseguida a dónde va el dinero y deja de pensar que paga por aire.
Di lo que NO está incluido. Albañilería, pintura, retirada de escombros, licencias. Es el apartado que evita la discusión del último día.
Pon las condiciones. Validez, plazo, forma de pago, garantía. Cuatro líneas.
Sin faltas y sin tus abreviaturas. «Sum. e inst. term. 11L VT» tiene sentido para ti. Para el cliente es ruido, y el ruido genera desconfianza.
Envíalo el mismo día. A ser posible antes de salir de la obra. En un aviso urgente gana casi siempre el primero que llega, no el más barato.
Manda un PDF, no un mensaje. Un WhatsApp con números se pierde en la conversación. Un PDF con tu nombre arriba se queda en el móvil del cliente, y es lo que enseña a su pareja o a la comunidad de vecinos.
Haz seguimiento a la semana. «Buenos días, ¿sigue interesado en el presupuesto PRE-2026-0042?» Una línea. Es el gesto con mejor retorno de todo el proceso, y casi nadie lo hace.
Si es que no, pregunta por qué. Dos o tres respuestas te dan más información sobre tu precio que un año adivinando.
El presupuesto es una propuesta: no obliga a pagar y no es un documento fiscal. La proforma tiene el mismo contenido, ya con el acuerdo cerrado, y suele servir para que el cliente tramite el pago — tampoco es un documento fiscal. La factura sí es el documento que respalda la operación a efectos fiscales, con sus propias reglas; para tu caso concreto, confírmalo con tu gestoría o en la Agencia Tributaria.
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El mismo día de la visita, y a ser posible antes de salir de la obra. En un aviso urgente gana casi siempre el primer presupuesto que llega, y normalmente no es el más barato.
Sí, y en una línea aparte. Diluido en el precio, parece que el trabajo es caro. Puesto aparte, el cliente entiende que paga tu tiempo de carretera — y es la partida que más roces genera cuando aparece solo en la factura final.
Parte de lo que necesitas facturar al año para cubrir tu sueldo, la furgoneta, las herramientas, los seguros, la gestoría, la cuota de autónomos y los días sin obra, y divídelo entre las horas realmente facturables. Casi siempre sale un número más alto que el que se usa por costumbre.
En vez de bajar el importe, quita trabajo. Retira una partida, pasa el suministro del material al cliente o acorta la garantía. Bajar el precio sin cambiar el alcance le enseña al cliente que el primer número no era el de verdad.
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